martes, 10 de enero de 2012

Nacionalismo animoso

(Artículo que publiqué en ABC el 9 de enero)

Que un candidato a senador por UPyD como Álvaro Pombo hablara del «nacionalismo bueno» que se practica en Cataluña tiene retranca, pues esta corriente ideológica siempre ha sido anatema para la formación que lidera Rosa Díez. Pero hay que entenderlo en clave de cortesía, pues el excéntrico escritor acababa de ganar el Premio Nadal y de estrechar la mano del presidente Artur Mas. Por este orden.
Pombo elogió el nacionalismo catalán porque, en su opinión, «es positivo» y «anima». Obviamente, el escritor no escuchó el discurso de Fin de Año del líder convergente ni tampoco su balance de mandato, impregnados ambos de un profundo pesimismo ante un futuro inmediato que augura muy difícil. Mas recibe el año 2012 con un discurso ultraliberal en el que pide sacrificios al ciudadano porque el gobierno, parece advertir, ya ha hecho demasiados. Es decir, que si el tripartito lo dio todo, el ejecutivo de CiU no piensa dar nada porque no hay margen de maniobra. Las vacías arcas catalanas lo han justificado todo durante este primer año: el recorte del sueldo de los funcionarios, la subida del agua y del transporte, y la creación de las tasas turística y sanitaria. Hubo una vocación pionera en estos ajustes, pues los nacionalistas estaban convencidos de que el PP se inspiraría en ellos cuando gobernara España. Efectivamente, los populares también han recurrido a la tijera y a algo tan impopular como la subida del IRPF, pero lo aplicarán de forma gradual, teniendo en cuenta la renta del ciudadano, mientras que las medidas de CiU se caracterizan por su falta de distingos. Alega el ejecutivo catalán que los recortes eran necesarios para garantizar la justicia social, pero es oportuno recordar que, tal como decía el ex presidente norteamericano Bill Clinton, el desempleo es una forma de desigualdad social y todavía no se ha abordado en serio el problema del paro en Cataluña, que afecta a 614.000 personas. Y es que de ese nacionalismo animoso del que hablaba Pombo poco se ha visto en este primer año de gobierno. Más bien ha estado cargado de negatividad, sobre todo en lo que respecta a las relaciones Cataluña-Estado. Compartir mesa con la flamante delegada del Gobierno, Llanos de Luna, en la cena del citado Premio Nadal, es lo más cerca que Artur Mas va estar, de momento, del Ejecutivo español. Sus continuas provocaciones —cierre de cajas, consultas populares, puentes que se rompen…—- no contribuyen nada al entendimiento con el PP y dudo de que sirvan siquiera de cortina de humo.

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