En un capítulo del delicioso libro "Matar a un ruiseñor" de Harper Lee -este año se celebra el 50 aniversario de la no menos formidable película de Robert Mulligan-, la pequeña Scout, hija del abogado Atticus Finch, protagoniza una discusión con su profesora, la señorita Caroline, quien el primer día de clase, le recrimina que ya sepa leer. "Pídele a tu padre que no te enseñe nada más. Es mejor empezar a estudiar desde cero. Dile que en adelante seré yo quien se encargue". Jem, el hermano mayor de Scout, consuela a la niña asegurando que la profesora está introduciendo una nueva forma de enseñar basada en la teoría de que "no hay mucho que aprender en los libros".
He recordado este pasaje porque una maestra de una escuela pública de Andorra ha sido despedida por enseñar demasiado a sus alumnos, pues a los 4 y 5 años, ya sabían leer, escribir, sumar o restar. Detrás de esta historia, dicen, hay diferencias personales con la dirección del centro, pero también un grupo de padres indignados que han exigido su readmisión y que, a juzgar por su reacción, estoy convencida de que también estimulaban intelectualmente a sus hijos en casa, tal como hacía Atticus Finch.