martes, 20 de marzo de 2012

El mundo se acaba en 2014



Un astrofísico de la Universidad de Cambridge sitúa el fin del mundo en 2014, año en el que una nube de polvo cósmico destruirá la tierra y todo el sistema solar. Ya es mala pata que esta sea la fecha escogida por la Asamblea Nacional Catalana para celebrar un referendo sobre la independencia. De ser cierta la profecía de este científico, la teoría nacionalista basada en el enemigo exterior alcanzaría el paroxismo, pues sería el universo entero el encargado de acabar con toda aspiración soberanista. Por otro lado era fácil suponer que, trescientos años después del decreto de Nueva Planta, que abolió las instituciones catalanas, los planetas se alinearían para destruir de nuevo cualquier tipo de ansia separatista, tal como han hecho —según denuncian dirigentes convergentes con cierta virulencia precongresual— los sucesivos gobiernos españoles.

El mundo no se acabará en 2014, pero esa fecha se ha convertido en una especie de «finisterre» independentista más allá del cual se abre un abismo por el que se precipitará toda esperanza soberanista. Otra cosa es que el barco capitaneado por el presidente Artur Mas quiera concluir esa travesía, pues previamente hay escala en ese proyecto llamado pacto fiscal. Aseguran que, de fracasar la negociación sobre la independencia financiera, CiU recurriría al adelanto electoral. ¿Fin de trayecto o recarga de combustible para justificar la separación de España? Yo creo que eso ni lo saben los nacionalistas, por mucho que hayan impulsado una ley de consultas populares a la medida de ese pacto fiscal. Cabe la posibilidad, avalada por la experiencia del Estatuto, de que la participación en esa consulta sea mínima —en el referendo estatutario sólo participó el 48% de la población catalana y el 74% votó a favor—, aunque la norma haya introducido elementos para ampliar la base electoral —se basa en el padrón, pueden votar ciudadanos de la UE, de Islandia, Suiza o Liechetenstein...—. La ley dice que no habrá campaña electoral. Ni falta que hace, pues ésta empezó el día después de que Mas ganara las elecciones autonómicas y cada día añade nuevos elementos reivindicativos: insumisión lingüística, amenaza de cierre de cajas, negativa municipal —bendecida por el Govern— a izar la bandera española... Por cierto, es curioso que algunos nacionalistas critiquen a la delegada del Gobierno, Llanos de Luna, por hacer cumplir la ley de banderas mientras el consejero de Interior, Felip Puig, persigue la quema de aquéllas.


(Artículo que publiqué en ABC el 19 de marzo)

martes, 13 de marzo de 2012

"Gran hermano" era George Orwell

Sin menospreciar su demostrada lucha contra los regímenes totalitarios, resulta que el escritor inglés George Orwell, famoso entre otras obras por "1984", un angustioso relato sobre una sociedad hipercontrolada por un Gran Hermano que fomenta la delación, acabó sus días elaborando un listado de supuestos simpatizantes del comunismo que llegó a manos del Ministerio de Asuntos Exteriores británico. Así que, tal como exclama el historiador y periodista Timothy Garton Ash -para mí, una de las personas más hábiles en el arte de elevar la anécdota a categoría-, "¡Gran Hermano era el propio George Orwell". Ahora que leo el magnífico libro de Rebecca West "El significado de la traición" (Reino de Redonda), pienso que las contradicciones internas de Orwell son el preludio de los sentimientos ambivalentes que la Guerra Fría generó en la sociedad británica, temerosa del avance del totalistarismo comunista, pero fascinada ante personajes como Guy Burgess, Donald Maclean o Kim Philby, supuestos espías al servicio de Gobierno soviético, cuyas vidas han dado lugar a profusión de libros, series de televisión y películas (la recién estrenada "El topo", interpretada por el actor Gary Oldman, alude sucintamente a estos personajes). Explica West los equilibrios del gobierno inglés por mantener a raya a estos supuestos traidores sin caer en el macarthismo americano, así como la capacidad de estos espías de escalar en la diplomacia a pesar sus contactos soviéticos y sus legendarias juergas privadas.

(Por cierto, la recopilación de artículos de Garton Ash que recoge el libro "Los hechos son subversivos. Ideas y personajes para una década sin nombre" está incluida en la colección Tiempo de Memoria de la editorial Tusquets, cuya selección es, a mi juicio, excelente).

sábado, 10 de marzo de 2012

Ejercer la ciudadanía europea

European.ue
Ser ciudadano europeo implica, no sólo un sentimiento de admiración por una cultura, una historia y unas costumbres comunes, sino el derecho a ejercer públicamente esa condición. Según un informe de la Comisión Europea, actualmente hay cerca de ocho millones de personas en edad de votar que residen en un país de la UE que no es el suyo, pero sólo un 10% ejerce ese derecho. Al parecer, los países aplican correctamente las normas que permiten a todos los ciudadanos de la UE votar en las elecciones locales o europeas, pero todavía hay obstáculos, los procedimientos son complicados y, en ocasiones, el votante está poco informado. Esta situación convierte a esas personas en nómadas europeos, pues se les priva de la posibilidad de participar en la toma de decisiones de la ciudad en la que residen. Aunque no toda la culpa hay que echársela a los gobiernos: a menudo es el propio ciudadano el que dimite del activismo electoral, sea por desafección política, sea porque siente que su estancia en determinado país es provisional.
Como indica el informe, hay ocho millones de personas con derecho a voto en la UE que no viven en su país de origen, pero la cifra total de europeos que residen en países de la Unión donde no han nacido ascendía en 2010 a 12,3 millones. De los 45 millones de habitantes de España, 5,6 millones son extranjeros y de éstos, 2,3 millones proceden de otros países de la UE, lo que supone un 5,1% de la población, una cifra inferior a la de Luxemburgo (37,1%), Chipre (10,4%) o Irlanda (6,9%).
Esta estadística se puede encontrar en:
http://europa.eu/rapid/pressReleasesAction.do?refeEjercerence=STAT/11/105&type=HTML

martes, 6 de marzo de 2012

Añoramos la Barcelona canalla

La Criolla
Salvando las distancias, quienes defendemos el proyecto Eurovegas echamos de menos una Barcelona canalla que no conocimos y aunque el macrocomplejo que promueve el magnate Sheldon Adelson no implica cambiar un modelo de ciudad, sí que ha puesto de manifiesto la pérdida de personalidad de una urbe portuaria y arrabalera. Aquella de las salas de fiestas más o menos libertinas (Edén Concert, La Criolla...), de los cabarets del Paralelo y sus transformistas (Apolo, El Molino...), de las tabernas (Los Cuernos...), de los restaurantes que permanecían abiertos toda la noche (La Puñalada, el Lion d'Or...), de las tertulias que se prolongaban hasta horas intempestivas (Els Quatre Gats, el restaurante Carbó...), de los cafés multitudinarios (Café Español), de la Sexta Flota americana y de los prostíbulos. Se ha prohibido y regulado demasiado, excepto en algo que precisamente ahora es utilizado por los principales detractores de Eurovegas: la prostitución. Ninguna administración se ha atrevido a abordar este asunto en su globalidad y las últimas noticias que se tienen apuntan a un parche normativo consistente en multar a quien mercadee con su cuerpo en la calle. En aquella Barcelona de los burdeles había marginalidad, sí, pero controlada. Incluso se instalaron tiendas de gomas y clínicas de vías urinarias (La Mundial) junto a esos establecimientos. La solución más fácil siempre es la prohibición y así ha sido en materia de horarios laborales o el tabaco. Ahora nos encontramos con una Barcelona eminentemente turística en la que un visitante puede caer en la depresión si pasea por el centro de la ciudad un domingo cualquiera.